Aquí el registro y el discurso

Graduación IV° "A"

14 de Diciembre de 2020

Aquí les dejamos un registro fotográfico de la graduación del IV° "A", el enlace de descarga de las fotos individuales y el discurso del alumno Jorge Fluxá.

Estimado director, estimados profesores, papás y amigos:

Hoy día nos convoca un acontecimiento sumamente especial. En medio de la pandemia que no nos quiere dejar, nos graduamos. Y al cerrar esta importante etapa de nuestras vidas creo necesario hacer una reflexión, que espero, deje una impresión significativa en cada uno de ustedes. 

 Quisiera comenzar contándoles una historia, la del célebre mito del ave Fénix:  El Fénix era un ave maravillosamente bella que vivía en el paraíso junto con el primer hombre y la primera mujer, a los que seguía a todas partes. Cuando Adán y Eva fueron expulsados, un ángel portador de una espada de fuego fue designado para cuidar las puertas del paraíso e impedir que la pareja pudiera volver al Edén.
 Empujado por el amor y la lealtad, el ave Fénix intentó impedir que las puertas se cerraran definitivamente para sus amigos. Entonces, una chispa saltó de la espada del guardián y el hermoso plumaje del ave se encendió, terminando con su vida en una llamarada multicolor.

Quizá como un premio por haber sido la única bestia que se había negado a probar el fruto prohibido, o quizás porque era injusto que un acto de amor terminara en una muerte así, el caso es que todos los ángeles estuvieron de acuerdo en concederle al ave Fénix varios dones, como el de sanar las heridas de otros seres vivos con sus lágrimas y el increíble don de la vida eterna...

Su inmortalidad se manifestaba en su eterna capacidad de volver a la vida resurgiendo de entre sus cenizas.

Según la leyenda, cuando le llegaba la hora de morir, el ave Fénix hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, y ponía en él un único huevo. Después de empollarlo durante algunos días, una noche, al caer el sol, el Fénix ardía espontáneamente, quemándose por completo y reduciéndose a cenizas.

Gracias al calor de las llamas, se terminaba de empollar el huevo y, al amanecer, el cascarón se rompía, y resurgía entre los restos aún humeantes el ave Fénix. No era otra ave, era el mismo Fénix, siempre único y eterno, aunque siempre más joven y fuerte que antes de morir. Siempre más sabio porque tenía, además, la virtud de recordar todo lo aprendido en su vida anterior. Y así termina el famoso mito.

Nosotros, el IVºA 2020, somos como el ave Fénix; morimos y renacimos durante doce años, gracias a una resiliencia particular, supimos sobreponernos a momentos difíciles y a pesar de todo, salimos adelante. Nuestra historia ha sido marcada hasta el día de hoy por un carisma especial, uno que mantiene unido a las personas, en las diferencias, en los tiempos de adversidad y por supuesto, en la compleja alegría, de la intensa, paradójica, pero por sobre todo, enriquecedora experiencia escolar. 

Hagamos memoria: hubo un momento en los inestables cursos del IIº Ciclo, en que al A le cargaban el título de “mal portado”, y es probable, encabezara el ranking; nuestros queridos profesores son testigos de ello, basta fijarse en las canas que tienen gracias a nosotros. ¡Cómo desesperamos a nuestros profesores en ese ya lejano séptimo y octavo básico! (Tremenda vocación y paciencia la de un profesor). Sin embargo, nuestro paso al tercer ciclo llevó consigo un cambio radical, particularmente en nuestra conducta y actitud. Como el Fénix, encontramos el perdón en nuestros ángeles, una nueva oportunidad y renacimos, gracias a nuestros padres y a nuestros profesores, y al gradual proceso de madurez que en nuestra biología se detona, supimos cómo conseguir la aprobación y el reconocimiento. Fuimos, a medida que la enseñanza media avanzaba, más seguros, más pacientes, más prudentes, mejores alumnos y mejores compañeros. A pesar de los errores propios de una edad metamórfica y a pesar de muchas veces dejar que solo nuestras emociones tomaran la verdad, logramos que el pasado nos fortaleciera, nos hiciera más reflexivos, sin olvidar lo que dejamos en las cenizas del Fénix anterior. 

Perdonen el lugar común, pero no he visto ni conocido un curso con integrantes tan particulares, tan auténticos, diversos en personalidad, gustos e intereses como los del IVºA; tales como el ferviente hincha de un equipo irregular, el aficionado a los cubos de Rubik y el infatigable cuequero; si hasta los pseudónimos o sobrenombres acuñados no pueden ser más especiales y originales. Estamos muy orgullosos, ya que como el Fénix, no fuimos nunca un estornino más en la bandada, una masa informe ni uniforme, sino que siempre sorprendimos a quien se paraba delante con nuestras curiosas, valiosas y variadas características y aptitudes, más allá de «los cinco sellos» como ideal o de los estereotipos como una reducción o simplificación de nosotros mismos. Qué mejor forma de vivir la libertad que con identidad, y es que ser del Tabancura desde el minuto 0 es luchar por esa identidad, en tiempos cada vez más globalizantes, líquidos e hinchas de lo masivo. Cómo no va a tener valor el hecho de poder decir: soy católico, soy hombre, soy humanista, soy tabancureño, soy hijo de mis padres e hijo de Dios.

Quienes formamos parte de este tremendo grupo del IVºA, fuimos testigos del surgimiento de notables y extraordinarias personas, que antes que mimetizarse con el grupo, lo hicieron brillar más, sumando el valor y la luz única que trae cada individuo. Es imposible olvidarse de quien estuvo dispuesto a revolcarse en el barro por nuestros compañeros en el Día del Colegio, de quien no se cansó de realizar acciones sociales muchos fines de semana, de quien siempre estuvo disponible para explicar la materia antes de la prueba, de quien entrenaba después del horario de clases, entre tantos otros que se inmortalizaron en la memoria de esta generación, por sus aportes, por sus acciones, por su individualidad. Como el ave Fénix, aunque seamos nuevas aves en la vida universitaria, profesional o del matrimonio, seguiremos acompañados por los recuerdos del IVºA, como vivas presencias de un aprendizaje que permanecerá el resto de nuestras vidas.

Para cerrar esta reflexión, qué mejor que preguntarse a modo de síntesis: ¿las experiencias vividas junto al IVºA valieron realmente la pena? 

Y al intentar responder esta pregunta, los recuerdos aparecen como estrellas, brillan, uno a uno formando el universo del IVºA 2020: el memorable viaje de estudios, el intenso paseo padre-hijo, la inusitada ida al centro de Santiago, los inmejorables paseos de curso a fin de año, nuestras innumerables, juveniles e inefables fechorías, entre otras tantas constelaciones, las cuales no podría mencionar en este corto lapso de tiempo. En cada una de las experiencias antes dichas, fuimos como el Fénix, luchamos por nuestra unidad, por nuestra identidad y quisimos permanecer, en las buenas y en las malas, junto a los nuestros. Nos conocimos y pudimos estrechar nuestros lazos de amistad, los cuales no se rompieron con el paso del tiempo ni con la llegada de la pandemia; todo lo contrario… ¿Valió la pena? Sí, por supuesto que sí; desde el primer día de primero básico, o mejor dicho, desde el primer día de quinto básico luego de la mezcla,  hasta hoy, el último día oficial como alumnos de cuarto medio. Qué alegría y orgullo más grande que ser parte del IVºA del Tabancura 2020.

No me cabe duda de que cada uno de nosotros tendrá la posibilidad de seguir creciendo, de ser mejores, de buscar la Santidad, que tanto Dios, como nuestras familias y nuestros profesores, confían podamos alcanzar. Y no olvidemos nunca a quienes nos acompañaron en este paso a una nueva vida, o etapa en nuestras vidas, para no exagerar. No olvidemos el cariño, la dedicación y la gran decisión de nuestros padres al elegir para nosotros al Tabancura. No olvidemos el ejemplo silencioso en el servir de nuestros queridos auxiliares. No olvidemos a nuestros profesores, maestros, que aunque supimos hacerlos enojar, siempre estuvieron dispuestos a ayudarnos, cana tras cana, año tras año. Y por último, no olvidemos los lazos de nuestra amistad, acaso habrá algo más propio del ex–alumno  tabancureño que mantener la fraternidad de su generación, de sus compañeros y de sus amigos por años, por décadas. 

Desplegamos hoy las alas de un nuevo Fénix, quemamos el nido de nuestra primera formación, llenos de convicción, para impulsar  nuestro barco al puerto final, llevando a Dios por el viento y por timón nuestra mente y voluntad. 

Muchas gracias.

Jorge Fluxá Eguiguren 

VER FOTOS INDIVIDUALES DEL IV° "A" ¡HAZ CLICK AQUÍ!