Por los 50 años del Colegio

Editorial del alumno de IV° medio, Francisco José Correa

02 de Diciembre de 2020

Cuando me pidieron escribir esta editorial, conmemorando los 50 años de nuestro colegio, comencé a pensar qué es para mí y para los demás el Colegio Tabancura. 

En primer lugar, uno podría visualizar el Colegio en la característica infraestructura que tiene desde hace ya varios años y que este año estaría renovándose parcialmente de no ser por la pandemia. Inolvidables para los ex alumnos son los pasillos, salas, auditorios, canchas y demás partes de nuestra institución, junto con todas las anécdotas que sucedieron en esos lugares. Sin embargo, pareciera ser que es mucho más que eso. Un ex alumno puede reconocer su colegio aún cuando no haya ninguna de las salas en las que estudió. De hecho, estuvimos seis meses sin poder ir al Colegio e igualmente “estuvimos” en el Colegio. 

Si no es la infraestructura, uno podría pensar que el Colegio se puede reconocer en sus miembros, especialmente en sus profesores, auxiliares y administrativos. Es impresionante la labor que se lleva a cabo todos los días para que nosotros, los alumnos, podamos tener clases con normalidad y en un ambiente que fomente el aprendizaje. Desde limpiar las salas -ahora sanitizarlas-  hasta preparar una clase son actividades que, pasando más o menos desapercibidas en el día a día, son vitales para el correcto funcionamiento del Colegio. Pero, nuevamente, esta visión del Tabancura  se queda corta, ya que los profesores, auxiliares y administrativos en algún momento de su carrera deben tomar su merecido descanso y dejar su labor a nuevas generaciones. 

Finalmente, se me ocurrió una última forma de visualizar el Colegio, una forma más global y adecuada que las anteriores. En vez de fijarse en lo exterior, su infraestructura y sus miembros, el Colegio Tabancura se debe apreciar por su labor diaria. Esta labor es educar niños y jóvenes en forma integral y exigente, fomentando las ansias de mejorar en todos los aspectos personales, mejorándose a uno y a la sociedad.

"Un ex alumno puede reconocer su colegio aún cuando no haya ninguna de las salas en las que estudió. De hecho, estuvimos seis meses sin poder ir al Colegio e igualmente “estuvimos” en el Colegio"

De estos dos conceptos, la integralidad y la exigencia, es que derivan la gran mayoría de las acciones que suceden en nuestro colegio. Hablemos un poco de la integralidad. Dentro de ella, podemos abarcar los ramos obligatorios, que dan una visión general de todas las materias importantes, y los electivos de 3ro y 4to medio, que nos ayudan a profundizar en las materias de nuestro interés. Cabe detenerse a destacar que aún cuando los electivos podrían haberse cancelado o debilitado por la pandemia, se mantuvieron en formato virtual, proeza no menor por la que estoy personalmente muy agradecido con todos mis profesores. 

Pero no solo los electivos nos ayudan a profundizar en las disciplinas de nuestro interés. A lo largo de los 12 años de enseñanza es posible participar en un sinfín de actividades extraprogramáticas, desde las Academias de Básica hasta las especializadas y múltiples actividades artísticas, deportivas y culturales en las que participan la gran mayoría de los alumnos de Media. Es en estas actividades donde los alumnos podemos descubrir nuestros intereses más alocados y tenemos el apoyo para desarrollarlos por el puro “amor al arte”. Por ejemplo, yo tuve la suerte de participar en Atletismo y en Debate. En ninguno de los dos destaqué especialmente pero eso no era lo más importante, lo más importante era mejorar y, aunque suena repetido, disfrutarlo, para lo cual los profesores siempre me apoyaron. 

También dentro de la integralidad no podemos dejar de lado las actividades sociales que forman parte de Rostros. Estas iniciativas, más que estar centradas en la acción misma, nos enseñan cómo ayudar, a tener liderazgo para desarrollar futuras obras de misericordia por nuestra cuenta y nos inculcan el valorable hábito de querer ayudar.

"Quiero agradecer el gran trabajo, la increíble disposición y la buena onda que siempre expresaron los profesores en estos 14 años de educación"

Si hablamos, por otra parte, de la exigencia, para nadie es novedad que el Tabancura es un colegio exigente; y no solo en sus ramos sino también en las altas expectativas que tienen las ya mencionadas actividades extraprogramáticas. Para muchos la alta exigencia podría ser una exageración del Colegio, pero las ganas de excelencia y de autoexigirse resultados, son herramientas que, aunque muchas veces no valoremos  durante el estudio del día a día, nos serán tremendamente útiles en el futuro. Y no lo digo porque ya salí y no me quedan pruebas que estudiar o trabajos que entregar, sino que lo digo a partir de un profundo agradecimiento por esas pruebas que estudié y esos trabajos que entregué.

Pero la integralidad y la exigencia no lo son todo en el Colegio. Lo más característico de nuestro Tabancura es la formación humana y puedo decir que, además de las necesarias lecciones del departamento de Religión, también nos influyen mucho los ejemplos de vida que vemos día a día en el Colegio. Una clase bien preparada o un profesor con paciencia (de esos que, afortunadamente, está lleno en el Colegio) son los más pequeños, importantes y agradecidos detalles que pueden haber en el Tabancura. Reflexionando sobre estos 14 años en el Colegio, considero lo más importante y memorable, incluso más que la increíble preparación académica que se nos brinda, la enseñanza y los ejemplos para hacer las cosas correctas y en la forma correcta. 

"Nos influyen mucho los ejemplos de vida que vemos día a día en el Colegio"

Imposible terminar esta editorial sin hablar de este excepcional año. La grave crisis sanitaria que estamos viviendo puso a prueba todo el sistema educativo del Colegio y, aunque al principio alumnos y profesores nos sentimos confundidos, finalmente las clases pudieron continuar bastante normalidad. Uno podría lamentarse de que justo este año, cuando celebramos los 50 años, no hayan podido haber clases presenciales ni grandes celebraciones, pero, mirando el vaso medio lleno, se podría decir que fue un desafío inesperado que fue superado, lo que hace más memorable y, en cierto sentido, épico al aniversario número 50 del Colegio.

Finalmente quiero agradecer el gran trabajo, la increíble disposición y la buena onda que siempre expresaron los profesores en estos 14 años de educación, y que fueron especialmente importantes durante este extraño año. Aún cuando las cuarentenas nos distanciaban, se notaba el valorable esfuerzo para hacer que nos sintiéramos más cerca. También agradezco especialmente a todos los que colaboraron para que pudiéramos volver a las ansiadas y necesarias clases presenciales.

Muchas gracias a todos los miembros del Colegio por estos 14 años y felicitaciones por este cincuentenario a todos los que formamos parte del Colegio Tabancura.

Francisco Correa G.

Alumno de IV medio